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Convivencia armónica intercultural

Por: Fátima Litardo Cedeño.

Desde la ética y los valores sociales, la identidad e interculturalidad se las promueve como el reconocimiento y respeto de la diversidad social, con acciones sobre la dignidad y derechos de las personas y colectivos sociales, para que éstos se constituyan en factores sustanciales de sociedades integradas, democráticas y estables.

Desde las prácticas e interacción cotidiana, la identidad e interculturalidad, posibilitan actitudes para el entendimiento y relaciones entre “los distintos” para beneficio mutuo y colectivo.

Como un horizonte de vida, la interculturalidad representa la apertura a nuevos escenarios, conocimientos y prácticas sin contradecir la estima, identidad y capacidades propias de las personas y colectividades.

El reconocimiento de la identidad y la interculturalidad requiere de un diálogo con buena intención, que hay que impulsarlo con lo mejor que tienen las comunidades e individuos, con los aspectos más atractivos de sus culturas, favoreciendo la eliminación progresiva de prejuicios y resistencia mutuos. un diálogo con buena intención, que hay que impulsarlo con lo mejor que tienen las comunidades e individuos, con los aspectos más atractivos de sus culturas, favoreciendo la eliminación progresiva de prejuicios y resistencia mutuos.

No es suficiente constatar la heterogeneidad del Ecuador, sino realizar los cambios que permitan una relación más simétrica entre los grupos que lo componen.
Pero nuestro país tiene mucho camino que recorrer para consolidarse como un país intercultural. Para ello debe no solo renovar sus leyes sino sus instituciones y su tejido social interno. Todo eso supone el impulso de nuevas prácticas culturales. Y para ello el sistema educativo es crucial. Tendremos un avance de la interculturalidad si la ponemos en la base de la reforma educativa global.

Ya hemos mencionado que los llamamientos a la construcción de la interculturalidad han venido desde los pueblos indígenas. Por ello, gracias a su lucha, Ecuador tiene el mérito de haber creado un sistema especial de educación indígena «bilingüe intercultural». Este es un paso serio que debe-mos apreciar. Pero ese ámbito de la educación tiene que ser de veras inter-cultural más allá de los enunciados, evitando ese etnocentrismo que cree que avanza la educación indígena como una estructura aislada del conjunto de nuestra educación nacional.

La interculturalidad va mucho más allá de la coexistencia o el diálogo de culturas; es una relación sostenida entre ellas. Es una búsqueda expresa de superación de prejuicios, del racismo, de las desigualdades y las asimetrías que caracterizan al país, bajo condiciones de respeto, igualdad y desarrollo de espacios comunes.

Una sociedad intercultural es aquella en donde se da un proceso dinámico, sostenido y permanente de relación, comunicación y aprendizaje mutuo. Allí se da un esfuerzo colectivo y consciente por desarrollar las potencialidades de personas y grupos que tienen diferencias culturales, sobre una base de respeto y creatividad, más allá de actitudes individuales y colectivas que mantienen el desprecio, el etnocentrismo, la explotación económica y la desigualdad social.

La interculturalidad no es tolerarse mutuamente, sino construir puentes de relación e instituciones que garanticen la diversidad, pero también la interrelación creativa. No es solo reconocer al «otro» sino, también, entender que la relación enriquece a todo el conglomerado social, creando un espacio no solo de contacto sino de generación de una nueva realidad común.

Es de fundamental importancia reconocer que la diversidad cultural es un elemento sustancial para el adelanto y el bienestar de las sociedades  humanas en general, y que debe valorarse, disfrutarse, aceptarse auténticamente y adoptarse como característica permanente que enriquece nuestras culturas, generando valores como la solidaridad, el respeto, la tolerancia y el multiculturalismo para enfrentar al racismo, la discriminación, la xenofobia y las formas conexas de intolerancia.

Que en esta época en la que cada vez hay más interacción entre personas de orígenes diferentes, el racismo y la discriminación son un ataque a la esencia de la dignidad de las personas porque intentan dividir la familia humana, a la cual pertenecen todos los pueblos e individuos.

Que el Ecuador, como país de origen, destino, tránsito y retorno migratorio en una época en que la globalización y la tecnología han contribuido considerablemente a unir a los pueblos y llevar a la práctica el concepto de una familia humana basada en la igualdad, la dignidad y la solidaridad; demanda de su sociedad visiones y prácticas incluyentes.

Que el Ecuador es un país que defiende la ciudadanía universal y  promueve la integración suramericana, basadas en el respeto a la soberanía de los pueblos y naciones y que  cree que la construcción de las sociedades inclusivas se  basa, también, en la corresponsabilidad y la reciprocidad de sus habitantes.

Por lo cual, exhortamos a las personas y los grupos sociales cualquiera sea su origen nacional, así como a los medios de comunicación, organizaciones sociales, entidades públicas y privadas, unir nuestros esfuerzos, para combatir y erradicar todas las manifestaciones de racismo, discriminación, xenofobia y formas conexas de intolerancia en todas las esferas de la vida y a través de cualquier medio.

Reiteramos la necesidad de reconocernos como una familia humana en la cual la convivencia pacífica intercultural constituye un medio y un fin para proyectar sociedades democráticas, incluyentes y justas.

Fenocin

Organización de la sociedad civil que reivindica los derechos de los campesinos y campesinas en Ecuador